Que el amor valga la alegría, no la pena

Que ser valiente no salga tan caro

Que ser cobarde no valga la pena

En estas estrofas de Noches de boda, de don Joaquín Sabina, estaba pensando cuando llegó a mi cabeza otro verso, de la que posiblemente sea la canción que más alegrías me ha dado jamás

So sentimental, not sentimental no

Romantic, not disgusting yet

Y dándole vueltas a ese todavía de Phoenix en Lisztomania, me he visto sumergida rastreando mis propios ya; esos momentos en los que eres consciente de que tu tiempo para la cautela se ha terminado y que no querías, trataste de evitarlo, pero has caído.

¿Ser valiente vale la pena o una retirada a tiempo es la mayor de las victorias?

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Hacer el amor o follar

Porque a eso se reduce todo. A si eres de los que dice que folla o hace el amor. A ser de rollos o de parejas. A tener terror (o apatía) al compromiso o a querer fumártelo todo, ahora, ya.

En lo que a relaciones se refiere, hay una diferencia entre a quienes les gusta la tormenta después de la calma y quienes prefieren la calma después de la tormenta. Tórridas historias de amores imposibles propias de la literatura victoriana o revistas de usar y tirar. Y esta división, esta línea que tan hábilmente hemos trazado para subsistir, para engrosarnos en una categoría, para estar a salvo en definitiva, puede inmolarse en cualquier momento.

Todo el que haya pasado por una ruptura entenderá lo que digo, y no hablemos de a los que, en el momento menos adecuado, en la cúspide de su escepticismo, se les haya cruzado una persona tan increíble que simplemente no se puede dejar escapar.

C

Pero ojo, el riesgo existe. Definirse es vital si no queremos perder la partida. Quienes son incapaces de hacerlo, de elegir, de apostar (por ellos mismos o por el otro) al final pasan por el terreno sentimental de puntillas. Sin pena ni gloria. Fóllate a mil tíos en el coche y no les llames al día siguiente, pero hazlo con pasión. Enamórate hasta las trancas y no tengas miedo a decir que querrías que la otra persona se quedara en casa a pasar la noche. No te quedes parado. No te atrapes en medio.  

Y, si no te da lo que quieres, abandona el barco. Mis amigas suelen reírse de mí porque me acuesto con hombres y tengo pareja

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La memoria dall´oblio

Se sentó en una cafetería del Trastevere, al sol del invierno. Pidió mientras pensaba en otra cosa y -enfrente, al lado de aquello a lo que no prestaba atención- encontró una mano cálida. Una sonrisa, un vecino español desplazado a Roma por la crisis o por esa recuperación que, dicen, ya se nota en los bares. Le sorprendió verle sonriente a pesar de haberse visto literalmente obligado a irse de su barrio, de su casa y de sus amigos. Decidió sincerarse con él, al fin y al cabo, ni le conocía ni iba a hacerlo. 

Atravieso un momento extraño, le confesó. Uno de esos donde las piezas ya se han asentado en distintos sitios del puzzle y, aún así, parecen no encajar. No soy feliz, ni infeliz tampoco. Las cosas me realizan parcialmente y he sonreído tantas veces echando la vista atrás que tengo la sensación de que una parte de mí se quedará para siempre allí. 

Él era justo lo contrario. Un ejemplo de mirada al futuro. No tenía nada, ni casa, ni hogar, pero tampoco complicaciones y obligaciones. Vivo como quiero, le dijo. Y aquella frase se le quedó grabada a fuego. Se la había oído salir de sus labios tantas veces, casi como un insulto, como una ofensa o un lapsus, y ni una sola había logrado creérselo. Ella no vivía como quería. Quería más. Quería volver a las margaritas, a las tapas duras, a las noches en vela y en pasta y -como sucede siempre- había idealizado tanto su pasado que lo cotidiano difícilmente iba a estar a la altura. 

Y al mismo tiempo sabía que cualquier intento de recuperar aquello era fallido. Había perdido hasta algunos de los tesoros más preciados de aquella época. Pero no la música. La música seguía ayudándola a encontrar. Y a encontrarse.

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Tanto

Le añoró tanto, le deseó tanto, le ansió tanto cogiéndola por la cintura, le murmuró tanto, le desvistió en tantas ocasiones con la mirada, le devolvió la alegría tantísimo, le hizo jugar tanto con su pelo, le abrazó tanto, le sonrió como a nadie, le rebautizó más de una vez, le alegró el desayuno, la merienda o la cena en tantos momentos, le dejó conducir tan lentamente, le rastreó tantas veces los restos de la media barba que cuando dejó de hacerlo cayó en la cuenta de lo absolutamente infinitos que eran los momentos que habían vivido. Supo que le amaba en el preciso instante en el que sintió que ‘tanto’ era imposible de reemplazar

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La vida no está en las novelas (ni en las películas)

A menudo serpentea entre la espuma de unos labios que intentan dar su primer sorbo ansioso a una cerveza y la mesilla de noche donde se apilan todas esas cosas cuya utilidad te has cuestionado más de una vez.

El latido que crea esa arritmia superlativa de la emoción difícilmente lo genera el mejor fragmento de Italo Calvino, la descripción más ardua de Roberto Bolaño o la intriga infinita de Benjamin Black. Ellos nos dan la llave de ese otro universo maravilloso, mejor que el nuestro, pero ficticio.

Hace tiempo tomé la decisión de no marcar los libros, y desde que no lo hago capto mejor su esencia. Y mientras, los casi desconocidos me reportan frases para enmarcar en el mejor de los corchetes. Las alcobas están repletas de escenas que ningún objetivo podrá captar y las canciones que suenan cuando caminas por la calle son el mejor medio de transporte.

La vida no está sólo en las novelas, por fortuna.

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La primavera

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Últimamente he dado poco las gracias. Y hay que darlas. Hay que dárselas a las almas gemelas que, como ella, saben dar un beso o un abrazo en el momento adecuado o proponerte la revolución y la siesta al mismo tiempo. Porque personas como tú hacen que mi futuro se tiña de canciones y de ciudades que adoro, logran que cualquier vino blanco sea la alegría de la semana y recuerdan por qué estamos en este mundo.

Por momentos como estos, por tardes como estas, por el futuro que nos aguarda y porque no hay más motivo que que deseo decírtelo. Gracias por representar todo lo optimista de mi vida (siempre).

https://www.youtube.com/watch?v=Rti3GfN3pfk&list=RDRti3GfN3pfk

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Desvelos

La noche imbuía su cuerpo antes de lo que hubiera deseado en ese colchón sedoso y cálido que se había convertido en el paraíso, pero antes del primer rayo de luz a través de la ventana -mucho antes más bien- su cuerpo comenzaba a pedirle vida.

Atravesaba una de esas mal llamadas ‘épocas de transición’, como si la transición no fuese importante, como si esa balsa de aceite no fuese necesaria para empezar a cocinar un nuevo plato. Era consciente de su suerte en muchos aspectos pero le resultaba imposible echar la vista atrás y rememorar una y otra vez cuando los aspectos en los que la vida le sonreía (muchos menos, seguro) eran los que a ella le importaban. 

Y así de su corazón comenzó a brotar una eterna gana de viajar, de correr y de volver a los lugares mitificados sin duda pero también, de algún modo sagrados para ella. El pasado estaba buscando una forma de acomodarse al futuro mientras este último ya había izado sus alas, solitario y libre, y soñaba con nuevos atardeceres.  

Pensó que aquella naturaleza salvaje no entendía de oficinas ni de besos en las comisuras; sin embargo se había hecho experta en transitar

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