Almendritas

Eso de descanse en paz es lo que jamás le desearía a la persona más guerrera que he conocido. Jamás diré -ni dejaré que nadie diga- que eras una santa, no consentiré que ninguna sed beata manche tu nombre. Tu nombre horroroso que obligó a una niña de 4 años apenas a cambiarlo por un diminutivo por el que te acabaron nombrando tus hijos, el resto de tus nietos y los vecinos.

Jamás diré que eras fácil ni que no te gustaba guerrear, al igual que jamás ocultaré que no ha nacido la persona con la que yo pueda chincharme como contigo.

Gracias por inundarlo todo de luz, por plagar la vida de valentía y llamar ignorantes a quienes no se ríen. Gracias por el Doctor Zete, por convertir tu salón en una selva de flores y por enseñarme con la misma insistencia la canción de los pajaritos y las 7 maravillas del mundo.

Gracias porque en tu mesilla ha estado durante décadas el mismo libro de chistes y siempre te has reído de sus bromas. Gracias por bañarte sin saber nadar, por montar en patinete con 80 años, por comer todos los dulces del mundo siendo diabética y por enseñarnos a vivir al límite.

Yo te necesitaba y te necesito, y no hay consuelo. Porque eres el ser humano más extraordinario que jamás he conocido. Tengo la suerte enorme de habértelo dicho. Y que uno de tus últimos deseos fuera pintarme un cuadro.

Te adoro

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