La memoria dall´oblio

Se sentó en una cafetería del Trastevere, al sol del invierno. Pidió mientras pensaba en otra cosa y -enfrente, al lado de aquello a lo que no prestaba atención- encontró una mano cálida. Una sonrisa, un vecino español desplazado a Roma por la crisis o por esa recuperación que, dicen, ya se nota en los bares. Le sorprendió verle sonriente a pesar de haberse visto literalmente obligado a irse de su barrio, de su casa y de sus amigos. Decidió sincerarse con él, al fin y al cabo, ni le conocía ni iba a hacerlo. 

Atravieso un momento extraño, le confesó. Uno de esos donde las piezas ya se han asentado en distintos sitios del puzzle y, aún así, parecen no encajar. No soy feliz, ni infeliz tampoco. Las cosas me realizan parcialmente y he sonreído tantas veces echando la vista atrás que tengo la sensación de que una parte de mí se quedará para siempre allí. 

Él era justo lo contrario. Un ejemplo de mirada al futuro. No tenía nada, ni casa, ni hogar, pero tampoco complicaciones y obligaciones. Vivo como quiero, le dijo. Y aquella frase se le quedó grabada a fuego. Se la había oído salir de sus labios tantas veces, casi como un insulto, como una ofensa o un lapsus, y ni una sola había logrado creérselo. Ella no vivía como quería. Quería más. Quería volver a las margaritas, a las tapas duras, a las noches en vela y en pasta y -como sucede siempre- había idealizado tanto su pasado que lo cotidiano difícilmente iba a estar a la altura. 

Y al mismo tiempo sabía que cualquier intento de recuperar aquello era fallido. Había perdido hasta algunos de los tesoros más preciados de aquella época. Pero no la música. La música seguía ayudándola a encontrar. Y a encontrarse.

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Una respuesta a La memoria dall´oblio

  1. Metra dijo:

    La escritora de este post no sabe vivir de otro modo que no sea intensamente. Y vivirá siempre como quiere, al igual que piensa y hace lo que quiere. Porque de lo contrario, dejaría de ser ella, y si de algo no podemos huir es de nosotros mismos. Y se reencontrará así misma el mismo día que acepte que jamás se ha perdido.

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