Y de repente

Te fuiste. Pensaste. Tus prioridades se reestablecieron en base a lo que no pelearon por ti y de repente.

Te prometiste no sentir y una mirada furtiva de repente.

Y aunque te juraste no esperar ese momento, aquel que era tu único motivo para levantarte por las mañanas, un contacto con el que soñabas y que te pareció evidente en un momento; era imposible no sentirse estafado ahora.

Y solo te quedaba el derecho a la patalea, un recurso absurdo cuando querías otras cosas, hechos y no palabras.

Ahí comprendías que tu enamoramiento absurdo viajaba solo mientras tú le esperabas a él, al único acompañante con el que disfrutar, palpar y sentir (ya sin tocarse) pero mucho más en una batalla, esas que acostumbrábais a tener dialógicamente, piel con piel.

Pero tal vez 24 años era edad suficiente para ser rechazada por primera vez.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Primer despertar. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s