Please don´t question my devotion

El post anterior me llevó a ratificar el viejo dicho periodístico de “good news is no news”. Resulta que mis nudos han sido lo más leído en la historia del blog desde ‘Carta’, la que releyendo ahora me parece una entrada bastante más emotiva y posiblemente de mayor calidad. 

Se nos acaba el año y esto de que sea forzosamente el sufrimiento o la angustia lo que se lea hace que me rebele -curiosa y pertinente palabra- y evoque todo lo bueno. Porque aunque hayamos vivido épocas mejores, no es cierto que cualquier tiempo pasado sea mejor. Mientras tengamos quien nos de un abrazo o a quien deseemos dárselo -incluso si no es correspondido- estaremos vivos. El corazón es la mejor crema antiedad que existe.

Por eso, quiero despedirme de este 2012 con afecto pues, al fin y al cabo, lo que no puede decirse es que haya vivido anclada. He sentido más que en toda mi vida, ha sido el año de los sentimientos, buenos y malos, confusos y enfrentados, pero también limpios, puros y absolutos.

He hecho mis grandes locuras (¡y algunas no las he hecho porque no me han dejado!) como dejarlo todo para irme a vivir a una ciudad desconocida a una universidad nueva, recibir visitas de mi gente más cercana, invitar a una persona muy querida a un viaje loco con el dinero contado, ser la primera visita oficial del grupo de amigas a Lille donde se encontraba mi serenidad en nombre de portal, ver el mar desde ángulos, compañías y sentimientos tan distintos que me siento como si hubiese dado la vuelta a la tierra en un velero, hacer mi viaje irremplazable a la ciudad de mi vida donde me esperaba la reconciliación más maravillosa conmigo misma y hasta casi logro volver a Barcelona y a Amsterdam en un mismo mes. 

Al margen de viajes, también ha habido otras experiencias, algunas bastante sombrías. Se fue Goran, mi fiel compañero de viaje, y su lugar vinieron a ocuparlo dos curiosos periquitos que se dejaron cuidar, liberar y hasta apodar Houdini. Nuevos nombres propios llamaron a mi ventana y les abrí insegura dejando que junto a ellos entrasen torbellinos de color, energía nueva y las inquietudes más especiales compartidas jamás. 

Ha habido espacio también (muchísimo) para plantearse qué es la contracultura y por qué somos rebeldes, en mi caso sin causa. He compartido llamadas de nervios y felicidad tras exponer mi proyecto de fin de carrera y he sentido orgullo de amigas que han conseguido destacar, también en eso. He cerrado el círculo de la universidad, me he puesto más vestidos que en toda mi vida para ir a graduaciones distintas pero todas ellas maravillosas. Llegó la mía y me gradué rodeada de una confianza en mi futuro que desconocía hasta entonces. 

El verano, como siempre, estuvo acompañado de trabajo, lo que siempre airea los cajones de la cabeza y de todo el conocimiento que nos queda por adquirir. Sólo un mes después de graduarme ¡encontré trabajo! Y en esto todavía soy incrédula con mi suerte. 

He avanzado mucho también en mi conocimiento personal. Insegura como siempre con mi aspecto físico, empecé a ir al gimnasio y puedo decir -allá aquel al que no le guste- que me veo mejor que nunca dentro de mis posibilidades y que no querría vivir en ninguna otra piel. Sin embargo, nunca he sido mujer de alimentar únicamente el cuerpo. He hecho cálculos y ¡he leído más de 70 libros este año! He descubierto maravillas bien por recomendaciones, por regalos y especialmente en esta última etapa por mi pertenencia al genial grupo de trabajo que es Libros Libres. No tengo palabras para agradecer todo lo que esta librería me ha aportado en el plano personal y la oportunidad de trabajar con gente de la más maravillosa y altruista que existe. 

Así que, queridos pesimistas, ¿qué importa si diciembre ha sido un mes para borrar en muchos sentidos? ¿No tiene el año 12 meses? ¿No se da el caso de que lo malo nos enseña a valorar lo bueno? Tengo muchos nudos por delante y le pido a este 2013 que me traiga muchos más, mal que bien sabré deshacerlos. Tú y yo siempre fuimos unos osados valientes. 

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