Carta

Hola azar,

Tenía pendiente desde hace tiempo escribir una carta para ti. Una carta que sé que has estado esperando y que esta vez no te llegará a tu buzón de esa ciudad que tan lejos queda de mi propio buzón porque vamos a hacerle la trampa al azar de Correos.

Esta carta combina lo antiguo con lo nuevo, el texto de puño y letra con la rapidez de las nuevas tecnologías, igual que también nosotros somos un mejunje de aquello que fuimos al conocernos y de lo que somos ahora. Ingenuamente jóvenes, inexpertos y muy volcados en el otro nos conocimos a todo trapo, como cuando se hace el amor sin llegar a quitarse toda la ropa por esa premura y ansiedad de las primeras veces.

 Así éramos tú y yo. Hoy, posiblemente más sosegados, hemos cambiado lo que somos. Nos tomamos menos prisa, hablamos menos e incluso alguien podría pensar que somos menos importantes en la vida del otro, pero sólo tienes que ver mi sonrisa muda y sabrás, y sonreirás conmigo.

Ahora ya no repetimos las frases, evitamos lo obvio, nos arropamos y escondemos en ese amor secreto que nos profesamos y que ni tú definirás ni yo tampoco, no vaya ser que hacerlo abra alguna vieja herida. Creo que nos vigilamos, como hacen los búhos con la noche, esperamos pacientes ese momento en que el otro deje de andar como dicen que andan los cangrejos –para atrás- y ande como en realidad andan los cangrejos –de lado, y ya que estamos también a nuestro lado-.

La función continúa, muy a pesar de lo que a veces diga el apuntador de turno, empeñado en discrepar, opinar o creer que puede osar acaparar este sentimiento inconmensurable. En este show, esta carta es parte del papel que represento, un papel en el que actúo desnuda –en sentimientos, como te gusta- y te reclamo. Reclamo tu cariño infinito, tus libros, tus frases tontas antes de dormir, tu manera de verme bella pero no decirlo sino hacerlo y tu melancolía innata.

Hace tiempo que dejé de pensar en el reloj, en el tic tac que desde Madrid espera que aparezcas, ya no te anhelo porque sé que antes o después vas a llegar. Algún día, en algún momento, tú vendrás a mí, me dirás que ya todo ha pasado, que no quedan motivos para la aflicción porque has aprendido que no existen finales de Príncipe Azul sino historias irrepetibles que están incluso por encima de sus protagonistas.

 Algún día me dirás que quieres representar una función conmigo y que deseas que escriba el guión. Ese día te remitiré a esta página garabateada, donde ya estamos tú y yo de principio a fin. Aún no lo ves, pero aguarda porque esta carta va firmada. 

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