Las bicicletas son para el atardecer

He estado recuperando una antigua pasión y es raro que le dedique a ella un post. Algo tan impersonal como una bicicleta capaz de, en determinados momentos, darte alas y sacarte de todo lo que no te gusta a golpe de pedal.

Llevo dos semanas sacando a menudo a mi amiga a pasear, y me ha recordado muchas cosas que tenía olvidadas. Lo primero es que las bicicletas no son sólo para el verano pero sí para el atardecer. La luz del Sol escondiéndose tímida entre los árboles mientras uno avanza con el viento en la cara, te hace tomar conciencia de lo breves de los días, de lo extenso del pensamiento excesivo en una vida demasiado corta y de la necesidad de estar en contacto con la tierra.

Lo segundo, la confrontación con nuestros instintos más básicos, los más necesarios. Quitarse los tacones, el vestido o el maquillaje y calzarse unas deportivas y unos pantalones cortos resistentes para rodar ayuda a veces a ver cuánto nos perdemos entre tanta superficialidad. Esa sensación de desquitarse, de cogerse la coleta, de buscar mis auriculares verde chillón y de poner la música que me place sólo es comparable al momento de la primera zancada, de sentarse en el sillín y decir adiós a todo lo que dejas atrás. 

Image

Si además tienes suerte, como yo, podrás pasear por uno de los parajes naturales más hermosos y relajantes que se pueden encontrar en Madrid. En el camino, es posible que te cruces con parejas, amos con sus perros, corredores extasiados incluso alguna cara reconocible del pasado. Caras que fueron referentes cuando estabas en el colegio, cuando eras una cría insegura a la que cualquiera podía tumbar o elevar sólo con un saludo caluroso u omitido. Y si eres aún más afortunado, tal vez tengas ocasión de ver cómo ahora es esa persona la que agacha la cabeza al verte, la que evita saludarte por miedo o timidez y tú la persona resolutiva y madura que un buen día cambió y que hoy no le retira el saludo ni la sonrisa cortés a nadie. 

El último ingrediente fundamental para este cóctel de desconexión es tener en qué pensar. Mirar la hora al cabo de un rato y darte cuenta de que han pasado más de 80 minutos. Entonces te ríes de ti mismo porque te ha pasado otra vez, me ha pasado otra vez y ya estoy sudando algo aunque mis piernas siguen reaccionando perfectamente al engranaje completo de las ruedas, como si todo fuese uno tras tanto tiempo juntos. Tienes la camiseta plagada de mosquitos, adheridos a la velocidad de tu ritmo. En el fondo el ciclismo también es una forma de amor, fiel porque no importa cuánto tardes en volver, ella siempre estará esperando ese momento en el que vuelvas a subir a su lomo para recordarte, paciente pero firme, que nadie puede hacerte sentir como ella. Hay cosas insustituibles.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Primer despertar y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s