¿Requisitos o exigencias?

¿Que qué descubrí? Descubrí, querida mía, que la persona justa no existe.

Un día desperté, me incorporé en la cama y sonreí. Ya no sentía dolor. Y de golpe comprendí que la persona justa no existe. Ni en el cielo ni en la tierra, ni en ningún otro lugar. Simplemente hay personas, y en cada una hay una pizca de la persona justa, pero ninguna tiene todo lo que esperamos y deseamos. Ninguna reúne todos los requisitos, no existe esa figura única, particular, maravillosa e insustituible que nos hará felices. Sólo hay personas. Y en cada una hay siempre un poco de todo, es a la vez escoria y un rayo de luz…

¿Cómo? ¿Quieres saber por qué me he puesto a llorar cuando lo he visto? Si es cierto que el hombre justo no existe, que todo ha terminado y que estoy completamente curada, ¿por qué he tenido que empolvarme la nariz al comprobar que aún conserva esa cartera marrón de piel de cocodrilo? Espera que lo piense.

Creo que puedo responder. Empecé a empolvarme la nariz porque estaba alterada, porque sin duda es cierto que no existe la persona justa y que las ilusiones se desvanecen, pero yo lo amo, y eso es distinto. Cuando uno ama a alguien siempre se le sobresalta el corazón al verlo o al oír algo sobre él. En resumen, creo que todo pasa menos el amor. Aunque eso no tiene ningún sentido práctico.

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