Mírame a la cara

Las mejores terapias las llevamos a cabo cuando estamos solos. Es en la intimidad de una habitación, de una bañera, de una cama o de una escalera cuando dejamos de fingir ser lo que no somos para simplemente ser, aunque finjamos no ser conscientes de nuestra situación.

Es entonces cuando ansiamos simplemente tener alas y poder volar muy lejos de donde estamos, sentir el aire en la cara y amanecer al otro lado. En el lado de allá, En ese lado donde sólo pervive lo bueno, lo duradero, las caras amables y las sonrisas por volver a verte.

Amanecer en París, por qué no, donde la vida tiene que ser seguro más sencilla. Y mira que he dicho veces que quiero regresar.

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