La importancia de las ausencias

Quienes me conocen bien saben que soy sentimental, apegada e insistente. Mis amigos son vitales para mí y cuidarles es un placer al que no puedo renunciar jamás. Solía decir que yo nunca había perdido un amigo de verdad. Ahora digo que sólo perdí uno. Uno que, sin duda, es irremplazable

Yo nunca me rindo. No sé si eso es bueno o malo, posiblemente para mí sea malo cuando me doy con un muro una y otra vez. He aprendido a vivir con ello, aunque no me guste pero es inevitable a veces, esas veces más simbólicas que de fondo, buscar a quien ya no está.

Hay personas que siempre son y serán nuestra debilidad. Cualquier momento es bueno para recordarlas. En mi caso, lo que más duele sigue siendo el ignorar el por qué, el no haber tenido derecho a una explicación, el saber que no puedes hacer más por recuperar a esa persona única y especial en tu vida (y en la de cualquiera, porque hay personas que simplemente brillan en cualquier ocasión) y aún así, ser incapaz de olvidar.

Las ausencias son fundamentales porque se ve a través de ellas. Se valoran aquellas cosas que no compartías con nadie más que con esa persona, las complicidades enterradas, las miradas que entiendes sólo con ver una foto e incluso lo que puedes fallar a tus propios principios o dignidad por alguien.

Al final, el que se va decide irse pero el que espera con los brazos abiertos lo hace en paz.

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