Para no leer

Antes para seducir, sólo se hablaba del amor. Pero el mundo tiene que cambiar. Hoy, para conquistar, uno tiene que susurrar “bésame” y nada más. Ya la seducción es un juego autónomo, que deja a miles de personas buenas fuera de juego y que, en cambio, encandila a tantas otras que olvidan lo que es el amor o que lo conciben de ese tímido modo.

Hoy la seducción se asoma al tobogán que son unas piernas bajo una falda, se esconde tras un piropo cualquiera y se pierde eso que siempre debió ser: dejarse arrastrar por una corriente tan fuerte que uno no puede aferrarse a ningún lugar en mitad de ese dulce torbellino.

Ojalá fuésemos capaces de, como dice la canción, afirmar un “quédate y ya veremos” y luchar por embriagarnos de esa coctelera que tiene por ingredientes la valentía, la humildad, el amor y el agradecimiento.

 “El amor vale ser cabrón”, dijo Andy Chango.

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